1. El reciclaje incesante del vendehumos profesional

Observa con atención el perfil de LinkedIn de tu "AI Thought Leader" de confianza. En 2017 era consultor de Growth Hacking. En 2020 era experto en dropshipping con Shopify. En 2021 te explicaba por qué comprar el dibujo pixelado de un mono con gorra te aseguraba la jubilación anticipada en el metaverso.

Hoy, tras un curso de tres horas en YouTube, es "Estratega Senior de Inteligencia Artificial Generativa". Su conocimiento técnico se reduce a pedirle a un chatbot que redacte correos electrónicos con tono empático y luego copiar y pegar el resultado sin leerlo.

No hay tecnología lo suficientemente avanzada que no pueda ser secuestrada por un ejército de oportunistas vendiendo palas en una mina sin oro.

Observación clínica: Si el curso de IA cuesta $97 dólares y promete hacerte millonario, el único millonario es quien se lo vendió a diez mil ingenuos.

2. La ilusión de la productividad vacía

Ahora la gente presume generar cincuenta publicaciones de blog al día, treinta carruseles de Instagram en cinco minutos y cientos de correos automatizados. Nadie se detiene a preguntar lo esencial: ¿quién carajos quiere leer semejante montaña de basura sintética?

Hemos automatizado la producción de ruido para alimentar algoritmos que nadie disfruta, leídos por robots que resumen textos escritos por otros robots. Es una orgía de datos inservibles donde lo único que se evapora es la autenticidad humana.

Diagnóstico de consultorio: Si no sabías escribir un argumento coherente antes de ChatGPT, ahora solo escribes mediocridad con una velocidad diez veces mayor.

3. El pánico del desempleo y la soberbia de las cúpulas

Las grandes corporaciones despiden a miles de trabajadores bajo la promesa de que la IA hará el trabajo el próximo trimestre. Seis meses después, los sistemas colapsan, los clientes están enfurecidos con bots que no entienden un reclamo básico y las empresas tienen que volver a contratar humanos a escondidas y con salarios de emergencia.

La IA es una herramienta formidable de cálculo y síntesis; el problema nunca fue la máquina, sino la estupidez humana de quienes creen que la intuición, la ética y el criterio se pueden comprimir en un archivo de pesos sinápticos.

PUNCHLINE // PARA GRABARSE EN LA FRENTE:
“La inteligencia artificial no nos va a quitar el empleo; nos lo van a quitar los directores ejecutivos mediocres que creen que un prompt de tres líneas puede reemplazar a un humano con criterio.”
[ VEREDICTO FINAL Y ALTA MÉDICA ]

Usa las herramientas digitales para ahorrarte el trabajo tedioso, pero no te tragues el cuento de hadas de los profetas de oficina. Un algoritmo puede predecir la siguiente palabra más probable en una oración; lo que jamás podrá tener es una opinión propia, una herida en el orgullo o la capacidad de asumir la responsabilidad cuando las cosas salgan mal.

FIRMA: DR. BILISCONSULTA FINALIZADA